Pasaje

“Que cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo para gloriarse solo respecto de sí mismo, y no en comparación con otro.” — Gálatas 6:4

Reflexión

Abres el teléfono cinco minutos y ya viste el viaje de alguien, el cuerpo de alguien, la relación de alguien, la fiesta a la que no te invitaron. Todo eso, editado, elegido, mostrado en su mejor ángulo. Y lo comparas con tu día real: la tarea que no entiendes, la pelea con tus papás, el granito que te salió antes del evento importante.

Ese comparativo siempre te va a dejar perdiendo, porque estás comparando tu detrás de escena completo con el resumen editado de otra persona. Nadie publica el momento en que lloró en su cuarto o dudó de sí mismo. Publican la mejor toma de quince intentos.

Gálatas 6:4 dice algo que suena raro la primera vez: que examines tu propia obra, sin medirte contra la de otro. No porque no importe crecer o mejorar, sino porque medirte con una vara que no es la tuya siempre te va a dar un resultado torcido.

Salmos 139:14 va más profundo todavía: eres formidable y maravilloso, tal como fuiste hecho, no como versión mejorada de otra persona. Dios no te compara con nadie del feed. Te conoce completo, con lo que muestras y con lo que no.

Oración

Dios, ayúdame a dejar de medirme con lo que veo en la pantalla. Recuérdame que tú me hiciste a mí, no una copia de nadie más, y que me conoces completo, no solo la parte que yo elijo mostrar. Amén.