Pasaje
“Vuestro atavío no sea el externo… sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.” — 1 Pedro 3:3-4
Reflexión
El estándar de belleza que domina las pantallas cambia cada temporada, y nunca deja de excluir a alguien. Medirse contra él es medirse contra un blanco que se mueve a propósito, diseñado para que nadie termine de alcanzarlo del todo.
1 Pedro 3 no dice que cuidar tu apariencia esté mal. Dice dónde no está lo esencial de tu valor. Habla de un adorno que no se desvanece, uno que ni la edad ni el algoritmo pueden tocar, porque no depende de ninguno de los dos.
Isaías 61 va todavía más lejos: promete un manto de alegría en lugar del espíritu angustiado, óleo de gozo en lugar de luto. No es una promesa sobre el rostro. Es una promesa sobre lo que carga tu corazón, y sobre cómo eso, con el tiempo, también termina viéndose desde afuera.
Hay una belleza que se marchita con los años, sin que nadie pueda evitarlo. Y hay una que Dios describe como incorruptible, precisamente porque no depende de nada que el tiempo pueda gastar.
Oración
Señor, estoy cansada de medirme contra un estándar que cambia cada temporada. Ayúdame a buscar el adorno que no se desvanece, el que nace de un corazón en paz contigo, no el que depende de un espejo o una pantalla. Gracias porque mi valor nunca dependió de eso. Amén.