Pasaje

“En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.” — Salmos 4:8

Reflexión

Cuando se apaga la luz, todo se ve distinto. Las cosas que de día conoces bien, tu ropa colgada, un peluche en el suelo, de noche parecen otra cosa, y el corazón empieza a latir más rápido. Es normal sentir eso. Hasta el rey David, que escribió estas palabras, sabía lo que era tener miedo de noche.

Pero David descubrió algo que quiso contarle a todos: no necesitaba ver para estar seguro. Necesitaba saber quién estaba con él. Por eso escribió que podía acostarse en paz y dormir tranquilo, no porque la oscuridad hubiera desaparecido, sino porque Dios seguía ahí, cuidándolo, aunque no pudiera verlo con los ojos.

En otro salmo, David dice algo parecido: “aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (Salmos 23:4). No dice que nunca vaya a estar en un lugar oscuro. Dice que, incluso ahí, no está solo. Dios no se va cuando se apaga la luz. Se queda contigo toda la noche, cuidándote mientras duermes, aunque tú ni te des cuenta.

Oración

Dios, a veces tengo miedo cuando está todo oscuro. Gracias porque tú me ves aunque yo no te vea, y porque te quedas cuidándome toda la noche. Ayúdame a dormir tranquilo, sabiendo que estás aquí conmigo. Amén.