Pasaje

“Dios… nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, con el mismo consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.” — 2 Corintios 1:3-4

Reflexión

Hay un orden en este pasaje que es fácil pasar por alto: primero el consuelo, después la capacidad de consolar a otros. No al revés. Y sin embargo, muchas mujeres invierten ese orden sin darse cuenta: se vuelven expertas en sostener a otras, en ser el hombro fuerte del grupo, mientras siguen postergando indefinidamente el momento de recibir el mismo consuelo que reparten.

En Lucas 10, Marta se ocupa de todos los preparativos mientras María simplemente se sienta a los pies de Jesús a escuchar. La respuesta de Jesús no ataca el servicio de Marta. Ataca la ansiedad detrás: la creencia de que si ella deja de sostener todo, todo se va a caer, y que sentarse a recibir es un lujo que no se puede permitir.

Bajar la guardia no devuelve a la vulnerabilidad de antes de saber protegerse. Devuelve la posibilidad de que alguien, esta vez, se quede, y de que el consuelo que tanto repartes también llegue a ti primero.

Oración

Señor, soy buena consolando a otras y mala dejándome consolar. Ayúdame a recibir primero lo que tú ofreces, antes de salir corriendo a sostener a los demás. Enséñame, como a Marta, que sentarme a recibir también es la buena parte. Amén.