Hay preguntas que ningún hombre dice en voz alta en una charla normal, pero que están presentes en casi todas las decisiones importantes que toma. Estas tres son las más comunes.

1. ¿Tengo lo que se necesita?

La duda de fondo detrás de cada desafío nuevo: un proyecto, una responsabilidad, una relación. No se trata de habilidad técnica. Se trata de si, en el fondo, hay suficiente en vos para estar a la altura de lo que se te pide.

2. ¿Mi papá está orgulloso de mí?

Sin importar si tu padre está presente, ausente, vivo o no, esta pregunta sigue activa. Se disfraza de otras cosas: la necesidad de aprobación de un jefe, la irritación cuando alguien cuestiona tu criterio, el hábito de medir tu valor en logros.

3. ¿Alguien elegiría pelear por mí?

No se trata de merecer que te defiendan por perfecto. Se trata de si, cuando las cosas se complican, hay alguien dispuesto a quedarse en tu esquina en vez de desaparecer.

Lo que responde la fe

Ninguna de estas preguntas se resuelve con más logros ni con más control. Romanos 8:15 dice que no recibiste un espíritu de esclavitud para vivir con miedo, sino de adopción como hijo. Y 2 Timoteo 1:7 es todavía más directo: Dios no te dio un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio.

Nombrar estas preguntas no las resuelve de golpe. Pero deja de dejarlas operar en la sombra, decidiendo por vos sin que te dieras cuenta.