Hay preguntas que ninguna mujer dice en voz alta en una charla normal, pero que están presentes en casi todas las decisiones importantes que toma. Estas tres son las más comunes.
1. ¿Soy realmente vista?
No solo notada de pasada, sino vista de verdad: lo que sentís, lo que te cuesta, lo que hacés que nadie más nota. La pregunta de fondo es si alguien se toma el trabajo de mirar con atención.
2. ¿Soy suficiente tal como soy?
No la versión mejorada, no la que baja de peso o cambia de carácter. Vos, tal cual sos hoy. La duda de si eso alcanza para ser amada, no solo tolerada.
3. ¿Alguien me elegiría sin que yo tenga que ganármelo?
Sin actuar un papel, sin complacer, sin ser la “chica fácil de llevar”. Solo por ser quien sos, con lo bueno y lo difícil incluido.
Lo que responde la fe
Ninguna de estas preguntas se resuelve mejorando más rápido ni complaciendo mejor. Salmos 139:14 dice que fuiste hecha de manera formidable y maravillosa, no como borrador de otra persona. Y Sofonías 3:17 va más allá de ser vista: dice que Dios se goza sobre vos con cánticos, no solo te tolera.
Nombrar estas preguntas no las resuelve de golpe. Pero deja de dejarlas operar en la sombra, decidiendo por vos sin que te dieras cuenta.