Pasaje

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios.” — Romanos 12:2

Reflexión

Con un grupo te ríes distinto que con otro. Con algunos exageras lo que te gusta, con otros lo escondes por completo, según lo que parezca aceptable ahí. No es que seas falso. Es que encajar se siente urgente, y ajustar quién eres parece el precio razonable a pagar por no quedar afuera.

El problema aparece cuando pierdes de vista cuál de todas esas versiones eres tú de verdad. Pablo no dice que dejes de relacionarte con el mundo que te rodea. Dice algo más específico: que no dejes que ese mundo te moldee desde afuera, sino que te dejes transformar desde adentro, con una mente cada vez más clara sobre quién eres y qué es lo que en realidad importa.

Cuando Dios eligió a David como rey, todos esperaban que fuera el hermano mayor, el que parecía tener la imagen correcta para el puesto. Dios le dice a Samuel algo que sigue siendo cierto hoy: “no mires a su parecer… porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). El grupo mira la superficie, lo que parece encajar. Dios ya te está mirando por dentro, y ahí es donde vale la pena empezar a construir quién eres, en vez de en lo que el grupo de turno espera ver.

Oración

Señor, a veces cambio quién soy solo para que me acepten. Ayúdame a no conformarme al molde que otros esperan, sino a dejar que tú transformes de verdad mi manera de pensar. Recuérdame que tú ya me miras el corazón, y que ahí es donde quiero construir mi identidad. Amén.